Por: Elio Hernández, La Jornada
San Cristóbal de Las Casas, Chis. Los tres agentes de la Guardia Nacional originarios de Chiapas que murieron durante el operativo realizado el domingo Jalisco que desembocó en la muerte de Nemesio Osegura Cervantes, El Mencho, fueron sepultados este jueves en sus respectivos municipios de Pichucalco, Cintalapa y Copainalá.
Según diversas fuentes, los féretros arribaron en un avión militar la madrugada del jueves al Aeropuerto Internacional Ángel Albino Corzo en ataúdes cubiertos con la bandera mexicana y fueron recibidos por personal de la corporación, que montó guardia de honor como lo marca el protocolo castrense, después de lo cual una funeraria los trasladó a sus respectivos municipios.
Se informó que en Cintalapa, cientos de pobladores asistieron al entierro para despedir a José Guadalupe López, quien fue recibido con aplausos, vivas y música desde la llegada del féretro, y posteriormente fue acompañado al panteón municipal, resguardado por elementos de la Guardia Nacional.
En Pantepec, el ayuntamiento que preside Osmar William Velasco García, expresó sus condolencias a través de su página oficial, en la que publicó la fotografía de dos de las víctimas con la leyenda: “Descansen en paz dos héroes chiapanecos”.

Señaló que “uno de ellos es originario de Pichucalco y el otro nuestro vecino de Copainalá, hijos de esta tierra noble y trabajadora que hoy los entrega al cielo vistiendo el uniforme con honor y profundo amor a la patria. Estos guardianes dieron todo sin pedir nada a cambio, demostrando el más alto sentido del deber y compromiso con México”.
La repatriación de los cuerpos ha conmovido a la población chiapaneca, que expresó muestras de respeto y solidaridad para despedir a los tres jóvenes agentes de origen campesino que perdieron la vida, reconocidos por sus comunidades como héroes que entregaron su vida en servicio de la nación.
Gerardo Coutiño, economista de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), manifestó que muchos jóvenes se integran a las Fuerzas Armadas como una vía para escapar de la pobreza y la falta de oportunidades, buscando estabilidad laboral y beneficios educativos para ellos y sus familias.
Añadió que resulta paradójico que tanto soldados como integrantes de grupos delictivos provengan, en muchos casos, de sectores marginados, al tiempo de expresar que la desigualdad económica expone a los jóvenes más pobres a ser reclutados, ya sea de manera legal o forzada, pagando lo que describió como una especie de “impuesto de sangre” derivado de las condiciones estructurales de exclusión.